Por Mary Rogers G
“Es una novela de amor que sucede en un tiempo de odio” dice Ana María del Río.
Pero más allá de esta certera definición, Los años urgentes es la historia de nuestra historia. Es el retrato de los años que muchas generaciones creen conocer y que la autora utiliza aquí como escenario para narrar el encuentro y desencuentro de dos seres humanos.
Tiene 831 páginas y es una novela “leve”, como la calificaría Calvino. Lo es por su estructura, por el correr de sus letras a la velocidad de la luz, por lo vivos que están sus personajes, tanto que, si afinamos la atención, los podríamos encontrar en cualquier calle de Chile.
No es novedad que del Río es uno de los nombres más respetados y prolíficos de la literatura nacional. Una escritora incansable que navega entre géneros con la misma facilidad con la que respira y que tiene a su haber una decena de reconocimientos. Los siete días de la señora K, Tiempo que ladra, Óxido de Carmen o el reciente libro de cuentos ilustrados que publicó Desastre Natural Ediciones, Me he quedado con tú cadáver, son sólo algunos de ejemplos de su mirada feminista, social y punzante.
Esa misma autora, profesora de lenguaje, maestra de escritores nos presenta esta novela maratónica…en segunda persona. ¡¿Qué?! Sí, todas esas páginas tejidas del “yo” hacia el “tú” nos permiten entrar en el mundo construído por ella y ser parte de la relación entre Eloísa y su familia, Eloísa y Max, Eloísa y los otros. Es fácil, fluye.
Con la ayuda de esta voz narrativa somos también sus protagonistas, sentimos el miedo, la emoción, el dolor y la incertidumbre del tiempo en que caminar la ciudad, dar una respuesta inocente o mirar directo a los ojos de alguien podía significar la muerte.
Eloísa Diaz Larreín es tímida, alta y flaca, tiene problemas para reconocer su propia belleza, pero confía en su capacidad intelectual. Acaba de dar la Prueba de Aptitud Académica y espera los resultados. No piensa depender de sus padres, necesita la independencia para descubrirse y ser al margen de su familia de “nuevos pobres”. Y ahí estamos con ella, compartiendo su ansiedad, bajamos aquel índice tembloroso que no logra encontrar su nombre en la lista. A su lado, un chico distinto, muy distinto a los que conoce, busca su propio futuro en ese papel. Desconfiada, cuando él la nombra, hace uso de su escudo de clase alta. Los vemos de pie frente al kiosko.
“No sonríes. Articulas las palabras golpeándolas unas con otras sin suavidad.
El calor sube como un insecto debajo de tu polera. Exasperación. Bajo el vidrio del kiosco se cuece tu alma. Ves que su boca se distiende en una sonrisa arenosa, algo como una luz en su cara. Odias que los hombres no muestren el miedo nunca.
—¿Tú eres… —lee–…Eloísa Díaz Larr…?
—Sí, y qué.
—Perdón, no dispares —dice él risueño.
Dos pequeñas hendiduras en los lados de su cara, su boca se entreabre, dientes anchos.
—Tranquila, no pasa nada —dice.
—Cómo que nada, usaste mi nombre, ¿por qué lo sabes?
Hablas abrupta, todas tus púas enhiestas. Él sonríe de nuevo, se encoge de hombros.
—Porque sé leer —dice–. Ahí está tu nombre puesto.
Y señala la primera hoja de arriba. Única que no has mirado”
Los unos y los otros, los Capuletos y Montescos han existido siempre y nuestra herencia colonial se esfuerza para que siga siendo así. La sociedad chilena en su totalidad se refleja en esta obra y, ojo, no es una narrativa educacional ni panfletaria, es una mirada honesta del caudal que corre entre oriente y poniente.
Pero no todo es enfrentamiento, hay mucho amor. Podría dar un sinfín de ejemplos, pero me acusarán de hacer spoiler. Pongan atención a los personajes secundarios, tienen mucho que decir.
Como es habitual en del Río, su lenguaje hace alarde de la simpleza del que nada tiene que demostrar. Asimismo, la precisión en la búsqueda de las palabras y los giros argumentales nos sorprenden con frecuencia. Con ella nos dejamos llevar por la historia, reímos y lloramos al mismo tiempo, y eso se agradece.
Publicada por Ediciones Liz, con tapa dura y letras doradas, “un libro gordo”, como le gusta decir a la autora, Los años urgentes es una novela fundamental, de esas que tiene que estar en la biblioteca familiar. Con una encuadernación manual, de lujo, la editorial hace justicia a la historia, a la autora y al lector.
Publicación original: Revista TeLeo




